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Historia

El Club de Pesca es el tenedor del fuerte del Pastelillo desde la expedición de la ley 30 de 1943, según la cual la custodia, conservación y cuidado de este bien de propiedad de la Nación fueron restituidos a la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena - después de haber estado un tiempo encargados a la Armada Nacional – con el fin de que la Sociedad de Mejoras continuara la organización y desarrollo que allí se habían venido adelantando, como centro de atracción del turismo nacional y extranjero, por medio del Club de Pesca de Cartagena.

El Club de Pesca fue fundado en 1938 por un grupo de aficionados a la pesca, la mayor parte de los cuales residía en la avenida Miramar de Manga. Eran ellos: José Vicente Mogollón de Zubiría, más conocido como “Pepino”, José Vicente Trucco, José Cesáreo, Rafael Román Vélez (“Fucho”), su hermano Enrique Román Vélez, Manuel Jiménez Molinares (“Jimeneco”), Roberto de la Vega Gerlein, Rafael Escallón Villa, José Antonio Martelo, Antonio María Arenas, Daniel Gómez Cáceres, Alberto H. Lemaitre (“Mr. Tollo”), su hermano Carlos Lemaitre Porto, Ernesto Carlos Lemaitre Tono, Gustavo Lemaitre Román, Antonio María Martínez Martelo, Carlos Martínez Martelo, Antonio Arenas Barragán, Ernesto Tono De la Espriella, Máximo Cantillo y Tomás Tatis.

“Pepino” Mogollón había regresado a Cartagena de los Estados Unidos, graduado de la Universidad de Pennsylvania. En aquel país desde los doce años, en Harrisburg Academy y en campos de verano en el Hudson se había aficionado a la natación y a la navegación y pesca deportiva.

Al llegar a Cartagena, construyó en la carpintería de la empresa J.V. Mogollón y Cía., fundada por su padre don José Vicente Mogollón Lavignac, mejor conocido como don Pepe, unos veleros tipo Lightning, que vendió, valiéndose de su amistad, a “Fucho” Román, José Vicente Trucco, Roberto de la Vega Gerlein y “Jimeneco”. Este último tenía una ferretería en la calle del Candilejo donde vendía aparejos de pesca, anzuelos, cordeles, etc. José Vicente Mogollón Vélez, hijo de “Pepino”, quien ha suministrado los datos anteriores, recuerda haber visto uno de esos botes con un motor fuera de borda “Penta”. Agrega que después, en el año 41 0 42, su padre construyó la lancha Penta, precursora de la Elenita, donde “Pepino” ejercía como anfitrión y relacionista público adhonorem de la ciudad, consiguiendo, sin que se supiera, muchos beneficios para ella.1 (Información suministrada por José Vicente Mogollón Vélez, hijo de “Pepino” Mogollón). Ya organizados como club, aquellos amigos aficionados a la pesca decidieron hablar con don “Pepe” Mogollón, padre de los Mogollón de Zubiría, reconocido públicamente como el anfitrión habitual, buen amigo y copartidario del entonces presidente liberal Eduardo Santos, para que consiguiera de éste que la Nación le cediera al Club de Pesca el fuerte de San Sebastián de Pastelillo, con el fin de habilitarlo como sede.2  Don “Pepe” Mogollón obtuvo del presidente Eduardo Santos una respuesta positiva, con varias condiciones: la Nación seguiría siendo la propietaria del bien inmueble; el Club de Pesca se comprometía en compensación por el derecho a usarlo, a restaurar y mantener el inmueble; el fuerte estaría siempre abierto al público y el acceso al restaurante que el Club ofrecía abrir no tendría restricción alguna.2

Según la versión de Alberto H. Lemaitre, “Mr. Tollo”,3 fue él, aficionado a la pesca de cordel desde niño, quien invitó a un grupo de amigos pescadores (los mismos del relato de J.V. Mogollón) a su oficina particular de nombre La SPLENDIN, dedicada a la propaganda, en la calle del Tablón, para proponerles la fundación de un club de pesca para los aficionados de Cartagena y otras partes del país. Cuenta Míster Tollo que “después de intercambiar opiniones se nombró una comisión que escogiera una casa a la orilla del mar para alquilarla como sede principal del Club”.3

Pasaron varias semanas, continúa Mr. Tollo “hasta que se nos ocurrió que en Manga existía el fuerte del Pastelillo que estaba medio abandonado y que sería espléndido lugar para nuestros propósitos. Y sin pensarlo más nos informamos que estaba al cuidado de la Sociedad de Mejoras Públicas, cuyo presidente era don Antonio Lequerica Gómez, nada menos que cuñado de nuestro Manuel Jiménez Molinares.

Al día siguiente le hicimos una visita solicitándole el Pastelillo para nuestra sede. Don Antonio muy gentilmente accedió a nuestra solicitud y acto seguido nos puso al habla con el Secretario Jorge Hernández Posada, (El Gallo).

Fijamos un día para la entrega del fuerte y así lo hicimos. Al recibir el Pastelillo, nos llevamos una gran desilución. A la casa le faltaban como 150 tejas, no tenía ni agua ni luz y el patio estaba lleno de basuras, pues era el lugar que usaban como basurero los vecinos de Manga. Pero no nos desilusionamos y nos pusimos a trabajar. Nos reuníamos todas las tardes y “Fucho” Román traía de su casa dos cántaros de agua, que se echaban en una tinaja y traía también una lámpara de gasolina.

“Para limpiar el patio se aprobó una resolución en donde cada socio debía sacar dos carretillas de sucio, sin permitir que se pagara un obrero sino que fuera personalmente. Para la luz y el agua, contamos con un gran amigo uruguayo, Federico Brauer, quien nos dijo que si poníamos los postes, él ordenaba la conexión de luz. Y con ese problema, el gran entusiasta, “Fucho” Román, contrató a tres choferes de los repartos de la Kola Román, para un domingo irse a su finca El Ceibal y traerse 15 postes de olla de mono, que se habían hecho cortar para tal fin, llegando estos a su destino.

Luego para obtener el alambre el mismo “Fucho” al calor de unos tragos, se dirigió conmigo y dos socios más a la troja de los Vélez en Manga donde estaba un buque de los Vélez en reparación y entro con una pinza en la mano y comenzó a quitarle todo el alambrado, diciendo que la reparación del buque había que hacerla completa, y que para eso sus tíos tenían harta plata. Llegamos a la madrugada al Club con tres grandes rollos de alambre eléctrico. A la semana siguiente se comenzaron los trabajos de levantar la postería y tirar las redes, que fue cosa de tres días. Siguió la instalación de la tubería del acueducto, se compraron las tejas en el Tendal de El Espinal y se fueron colocando seguidamente. Luego con gran esfuerzo se consiguieron las sillas, las mesas y demás utensilios propios para la sede. Luego se acordó construir el muelle de desembarco y ponerle tres puertas que faltaban a la casa. Para celador del Club, “Fucho” y “Quiquemán” (Enrique Luis Román, hermano del primero), pensaron en un buzo monteriano que vivía en el muelle de los Chagüi en Manga y lo contrataron para que viniera a servir de celador, al cual se comenzó a pagar la suma de cuarenta pesos mensuales.

“Más adelante se organizó la cantina y el comedor y luego las grandes fiestas del pescador que se celebraban el 24 de junio de cada año con regatas de botes, de canalete, de natación, pesca durante el día y baile oficial por la noche. Para atender bien a los socios invitados se ordenó que la Junta Directiva no pudiera tomarse un solo trago, pues días después se les hacía una fiesta especial para ellos. Luego vino el gran chocolate de los miércoles organizados por la gran entusiasta Tulita Martínez Martelo (“Tulipán”). El Club se llenaba todos los miércoles para tomar el sabroso chocolate de canela de la Fábrica Lequerica Hermanos. Para los domingos se programaba el gran sancocho de sábalo, que costaba el plato solamente cincuenta centavos.

“Ya organizado el Club se dio a personas de la ciudad que comenzaron a darle a ese servicio trazas de un gran negocio, constituyéndose hoy en día en uno de los mejores restaurantes de la ciudad”. 4

Los socios del Club de Pesca han sido siempre muy activos en los quehaceres relacionados con el objeto de la sociedad. En sus comienzos el Club tuvo una lancha, la famosa Sebastiana ya mencionada, construida en sus propias instalaciones. Luis Mogollón de Zubiría, uno de los veteranos navegantes deportivos, socio del Club, recuerda que tenía casco redondo de madera y un aspecto similar a los pesqueros del Mar del Norte, de Bremerhaven, Alemania. Le parece recordar que el ingeniero naval adjunto a la Armada colombiana Reynaldo Pashke contribuyó con su diseño. Agrega que la utilizaban los pescadores submarinos que integraban el llamado Club de “Los Caguamos” para ir a las islas del Rosario entre los años cincuenta y sesenta. Hacían parte de ese club, según Mogollón, Rodrigo Puente, Alfredo de la Espriella, el “Peque” Lemaitre, Hernando Espinosa París, Daniel Lemaitre Diazgranados, Alonso Restrepo, Máximo Caldas, Alfredo Mogollón de Zubiría y el propio Luis. También recuerda que era muy lenta, pues se demoraban unas tres horas hasta las Islas y el ruido de sus motores era ensordecedor; que tenía tabernáculo para colocarle un pequeño mástil para instalarle una vela estabilizadora pues se bamboleaba mucho.5

José Vicente Mogollón Vélez, refiriéndose a La Sebastiana complementa la información de su tío Luis diciendo que “se debió echar al agua en 1948, al mismo tiempo que La Elenita. Como dice Gustavito (Gustavo Lemaitre D.), fue construida en el propio Club de Pesca en la punta de caracolejo de donde salía el primer muelle, el de todas las acuarelas de Hernando Lemaitre.

La Sebastiana – llamada así por el nombre del fuerte -- era muy rústica, con acabados de “carpintero de ribera”; casco redondo, lenta, de un solo motor y campeona para marear gente. La recuerdo en el muelle del Club, al lado de la Jurel, la Marta y la Elenita. A fines de los 40s en el Club no había más de cinco o seis lanchas. Su piloto fue el “Mono” Flórez, que era también celador y todero. “Jimeneco” fue su impulsor, inspirador y dueño espiritual. La usaban los socios para paseos a Bocachica y para pescar a fondo. Regresaban de los bajos de Salmedina o No-komis con pescas gigantescas. El Club la alquilaba para paseos a las islas, usualmente al lugar que el club tenía allá, en la isla Macabí, cuyo celador era Roberto Cesar, “Rey de los Tiburones”. Creo que dejé de verla ya en los 70s.”6

Joaquín Franco Burgos tiene su propia versión sobre la fundación del Club de Pesca publicada en la versión digital del diario El Universal de Cartagena el 20 de abril de 2012 que se reproduce a continuación.

“El verdadero pionero de la pesca deportiva cartagenera fue Manuel Jiménez Molinares, conocido como “Jimeneco”, quien, incluso, tenía una tienda, en la Calle del Candilejo, exclusiva de artículos para la pesca a cordel, que era la costumbre. Fue José Vicente Jr., “Pepino”, quien más tarde trajo la vara de pescar y la primera lancha exclusiva para ese deporte, “La Sebastiana”. Por allá, en el año 1939, en una residencia de la Calle del Tablón, un grupo de aficionados, presididos por “Jimeneco”, y como secretario de la Junta, Alberto H. Lemaitre, llamado “Mr. Toyo”, se acordó en crear un Club de Pesca. Se pensó en San Sebastián de Pastelillo, como su sede ideal y se habló con el parlamentario cartagenero Efraín S. Del Valle, quien presentó el proyecto de lo que hoy es la Ley 30 de 1943, sancionada por Alfonso López Pumarejo, no por Eduardo Santos. Su gobierno fue de 1938 a 1942. Vicente Martínez Martelo, por su amistad con el presidente López, gestionó en su sanción.”7

 

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1. Información suministrada por José Vicente Mogollón Vélez, hijo de “Pepino” Mogollón.
2. J. V. Mogollón V. Ob. Cit.
3. J. V. Mogollón V. Ob. Cit.
4. Ibíd. Pág. 90
5. Información suministrada por Luis Mogollón de Zubiría
6. Información suministrada por José V. Mogollón V.
7. www.eluniversal.com.co/ 20 de abril de 2012.